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viernes, 4 de octubre de 2019

Dejar salir al niño



Si el otoño nos invita al recogimiento, la lluvia con que nos bautiza el cielo, mientras escribo estas letras, me hace sonreír en la añoranza y el agradecimiento por tantos y por tanto.

Tiempo este de otoño para acordarnos y dejar salir al niño que permanece dormido y asustado en un rincón de nuestro corazón. Dejarle salir para que cante y se abandone en la alegría de vivir.

San Martín de Tours

San Martín compartiendo la capa con el mendigo, capitel del claustro de la Catedral de Tudela

SAN MARTÍN DE TOURS

En la catedral de Tudela podemos contemplar varias representaciones de San Martín de Tours, en su gesto característico que lo distinguirá a lo largo de toda la historia, compartiendo su capa con el mendigo.

El capitel lo vemos en la crujía oeste del claustro de la catedral, posiblemente para estimular la misericordia con los empobrecidos, que acudirían a este lugar para recibir la caridad de los fieles o de las instituciones eclesiales.

Corre la primera mitad del siglo IV de nuestra era cuando un joven oficial romano, que ronda los dieciocho años, entra señorial montado en su corcel en la ciudad de Amiens.

Esta ciudad había sido evangelizada por San Fermín, de la que fue su primer obispo. A comienzos del siglo IV, en la persecución de Diocleciano, derramará su sangre por su pueblo. Los dirigentes de la iglesia sirven al pueblo no se sirven de él. Son tiempos en que el camino cristiano es subversivo.

Pero avanzado el siglo, la fe cristiana es tolerada, cuando tiene lugar el gesto de San Martín. Un mendigo aterido de frío en la crudeza del invierno está arrinconado extramuros. Martín, de mirada inquieta y viva, se fija en él. ¡No todos ven a los pobres! Blandiendo su espada, sin dudarlo, corta su magnífica capa en dos. Con una parte cubre al pobre y la otra le viste a él. La locura de la fe y de la juventud.

Qué distinto el amor que divide y comparte frente al egoísmo que se apropia de todo. Pensemos en los verdugos de Jesús en el Calvario, que sortean la túnica de Jesús ajusticiado, porque, enfermos de ambición, sólo puede ser de uno y su codicia la anhela frente a los demás.

Ciclo de San Martín, capiteles de la puerta norte de la Catedral de Tudela
No es extraño que esa misma noche, en sueños, cuando desnudo de defensas y armadura, Jesús le muestre agradecido la mitad de su manto: "Gracias, Martín, porque estaba desnudo y me vestiste."

¡Qué distinto a lo que hacen los bancos cuando despojan a las víctimas, de esta crisis económica que padecemos, de las viviendas que precisan para vivir, y luego las dejan vacías con la anuencia de la administración!

En la portada norte de la catedral contemplamos esta revelación.

El regazo materno de un hombre

El Padre, figura de porcelana de Ernest Massuet

¿Por qué vibramos con tanta intensidad cuando una imagen nos descubre el regazo materno de un hombre?

Como esta escultura inconclusa nos sentimos llamados a acabar en nosotros esa vocación materna que llevamos escrita en los genes.

Este camino no es sólo un negocio personal sino una tarea social de carácter transversal, que afecta al mundo familiar, laboral, educativo, religioso, etc.

sábado, 29 de junio de 2019

Día del Orgullo Gay

Well, I think so, yes, you're right. God is good! 

ANTE EL DÍA DEL ORGULLO GAY 

Un buen chute de autoestima y sabia reflexión. 
¡Qué bueno es Dios, que tanto nos quiere!
¡Y nos quiere como somos!


¡Qué diferencia con los guardianes del orden establecido!
No te fíes de sus apariencias,
¡son sepulcros blanqueados!


Son semejantes a ese «hermano» de la parábola del Padre misericordioso,
que sigue negándose a dar hospitalidad
y a acoger a su «hermano» inquieto, buscador, necesitado y pródigo.


Siguen queriendo forzar a su «hermano»,
aunque le quebranten huesos y le sumerjan en la neurosis,
a que se meta en la armadura de sus leyes, tradiciones, moral y buenas costumbres.


Nunca entendieron, no les interesa entender, nunca entenderán
que la Ley está hecha para servir al ser humano
no el ser humano para ser esclavo de la Ley.


Así que, no perdamos el tiempo
buscando su complacencia y su aprobación
y lancémonos por el camino del amor.


Valen para nosotros aquellas palabras sabias:
«Ama y haz lo que quieras»
y recorramos el camino del amor para dar sentido a nuestra vida.


Camino que abrió y sancionó el Maestro de Nazaret
cuando acogió en su regazo al discípulo amado
y le reconfortó con los latidos y el ritmo de su Sagrado Corazón.


Frente al emparedamiento y a los miedos de Pedro y compañeros patriarcales,
la vida nueva inaugurada por el Resucitado
es anunciada por la primera apóstol y elegida, la Magdalena.


Amigo, sal del armario blindado,
que el aire dentro está corrompido
y la oscuridad es tan deprimente y perniciosa...


Abre tu preciosa e intacta conserva
y sirve tu vida como aperitivo del banquete del Reino de los Cielos,
porque se trata de entregarla en el ara de los sacrificios del amor.


¿Te da vértigo? ¿tienes miedo?
¡Es verdad! Los depredadores siguen al acecho y no dan tregua,
son los aguafiestas clericales y fachas podridos en sus amarguras.


Se niegan a compartir la alegría del banquete,
obnubilados y obcecados en su rancia perfección
que dicen que sí pero ni conocen la viña ni irán a vendimiar.


Bebamos en la fiesta, balanceémonos en la danza,
deleitémonos con los manjares sabrosos y nutrientes de la pasión
y vivamos la llamada divina del amor.


Emborrachémonos del vino nuevo
servido en el banquete
del Reino de Dios
tan bueno y abundante
como en las bodas de Caná.


Y que nos quiten «lo bailao»,
primicia y aperitivo de la alegría celestial,
profecía de los cielos nuevos y la tierra nueva.



 


viernes, 31 de julio de 2015

Desde la muga de Navarra

Pino maternal que sale a recibirnos cada vez que nos acercamos a Cabanillas

Desde la muga de Navarra


Todos hemos recitado o cantado alguna vez los versos del poeta:


«Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.»

Es la condición del ser humano, somos nómadas. Nuestros encuentros, cuanto más gratificantes y enriquecedores son, más fugaces se nos antojan. Y siempre llega el momento del adiós.

Si lo pensamos bien, todo en la naturaleza, incluso ella misma, está en continuo cambio y movimiento. Ya los pensadores de la antigua Grecia plasmaron esta experiencia en una frase lapidaria: «Todo fluye.»

Los padres se nos van al cielo, los hijos se emancipan, el niño cede el relevo al adolescente, pasamos del régimen estudiantil al laboral, cambiamos de pareja, etc.

Alguno le puede dar vértigo tanta versatilidad, pero si lo pensamos bien todo cambio lleva en sí la esperanza de un nuevo nacimiento y, consiguientemente, una nueva oportunidad. Morir para renacer de nuevo.

¿Qué es lo que queda y nos queda de nuestro paso? Queda nuestro ser, que, al fin y al cabo, somos historia, mucho que hemos recibido y mucho que hemos aportado, unas veces desde el servicio gratificante otras desde el conflicto fecundo. Pero cuando todo ha merecido la pena, lo que debe quedar, ante todo, es un poso grande de agradecimiento.

Así que si miramos al pasado que no sea para naufragar en la nostalgia o para negarnos a abandonar la situación en la que nos habíamos instalado. Ya conocéis la historia de la mujer de Lot que, por no encaminar sus pasos hacia el horizonte y anclarse en su pasado, se transformó en una estatua de sal, totalmente estéril.

En las despedidas, que no sé si son tales porque siempre nos quedamos plantados en el corazón de los otros y los otros en el nuestro, siempre hay que abrir las ventanas de la esperanza, teniendo en cuenta que ya nada será idéntico ni tiene por qué serlo. Nadie puede sustituir a nadie porque todos somos únicos. Pero todos tienen su chispa y encanto: «¡Si de noche te lamentas por haber perdido el sol, tus lágrimas te impedirán contemplar las estrellas!»

Con un poeta he comenzado, con otro quiero terminar:

«Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos…
…Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.
Sensibles a todo viento
y bajo todos los cielos,
poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo
ni la flor de un solo huerto.
Que sean todos los pueblos
y todos los huertos nuestros.»


Desde la villa de Cortes, muga y cadenas del Viejo Reino de Navarra, con muchísimo cariño y agradecimiento, os deseo a todos los cabanilleros y allegados unas felices fiestas en honor del peregrino de Montpellier. Siempre vuestro: Javi.